Los resultados electorales del 26 de mayo no son buenos para la izquierda transformadora ni para el municipalismo del cambio. El 26-M, Podemos y las confluencias han perdido alrededor de 800.000 votos. Tras los resultados de las elecciones legislativas del 28-A, que permitió parar a la derecha dando la victoria al PSOE, ese impulso le ha permitido ganar las elecciones europeas, la mayoría de las comunidades autónomas y recuperar una parte de lo perdido en los municipios hace cuatro años.

La derecha retrocede, aunque la suma de las tres derechas puede darle el poder en algunos municipios y comunidades. Que se hayan impuesto en la ciudad de Madrid y en la Comunidad les da un respiro y representa una grave derrota para las izquierdas. En Cataluña, se ha impuesto Puigdemont en las europeas y ERC en las municipales, una expresión más de que la movilización soberanista sigue en pie. En Barcelona, el emblema del municipalismo del cambio, BcnenComú, no ha logrado, por menos de 5.000 votos, ser la primera lista.

Estas elecciones cierran un largo periodo electoral que ha dejado un mapa político bien distinto al anterior. Se logró echar al PP y se paró la amenaza del trifachito. Como tendencia general, en esta segunda vuelta electoral se ha podido constatar: una recuperación del PSOE, retroceso y/o mantenimiento de las derechas y un paso atrás de las opciones más de izquierdas.

Habrá que debatir y reflexionar sobre estos resultados. Algunos de los elementos a tener en cuenta serían:
a/ parece que la ciudadanía ha considerado que los pasos prácticos y positivos que se han dado en los pueblos y ciudades han sido insuficientes, tanto para las necesidades que se tienen como para las expectativas creadas.

b/ la crisis y división en Unidas Podemos y en candidaturas municipales. En Madrid y en muchos municipios se han presentado dos candidaturas que han debilitado a ambas y debilitado la idea general de municipalismo del cambio.

c/ el peso excesivo de la gestión administrativa en los gobiernos municipales, en una situación en la que la asfixia económica impuesta por el PP no dejaba mucho margen para iniciativas de cambio.

d/ la ecuación, que sigue sin resolverse, entre los movimientos sociales y las reivindicaciones de los barrios y la gestión de la institución. En la experiencia de estos años se ha vuelto a caer, en líneas generales, en la supeditación de la acción social a la institución.

e/ en una dinámica política tan polarizada como la que existe en el país, un mes después de unas elecciones generales, era casi imposible que las campañas y debates electores pudieran limitarse al balance o propuestas municipales, y eso, probablemente, ha debilitado las candidaturas municipalistas del cambio.

f/ uno de los elementos principales de la polarización es la situación en Cataluña, que ha seguido siendo una cuestión esencial en estas elecciones. Como no se puede evadir, y seguirá estando presente, lo conveniente sería afrontarlo como un problema democrático que exige una solución democrática.

Los resultados parecen indicar que la población prefiere todavía una cierta estabilidad institucional, agarrarse a lo conocido, antes que afrontar cambios que pongan en cuestión la actual situación, malas condiciones de vida y de trabajo, el poder de las grandes empresas y las multinacionales, el empeoramiento de las libertades, el encarecimiento de la vivienda o la insalubre vida en las ciudades.

La experiencia nos dirá si es posible mejorar sin cambiar lo que ahora ahoga la vida de millones de personas. Para nosotros y nosotras es evidente que no, que se necesitan esos cambios para que haya un futuro mejor. Habrá que prepararlo.