Llegó el tridente (PP, C’s y Vox) a la plaza Cibeles, tomó el ayuntamiento de Madrid y sus primeras medidas fueron claras: deshacerse de todo lo relacionado con las personas refugiadas, mujeres, diversidad y, por supuesto,Madrid Central, el proyecto que se basa en un área con fuertes restricciones al tráfico privado, que es común en la inmensa mayoría de grandes ciudades, empezando por Barcelona, y que busca la reducción de la emisión de gases contaminantes.

No es nuevo que la derecha franquista que controla los resortes del poder político en Madrid, Andalucía y medio reino, lleva tiempo insistiendo en lo absurdo de las medidas anticontaminación. De momento, ha tenido que ser un juez quien les ha parado los pies en Madrid. Es evidente que con esas medidas muestran lo poco que les importa que, en los últimos 10 años, 93 mil personas hayan perdido la vida en España debido a la calidad del aire y menos aún que dicha calidad afecte al desarrollo de la infancia. Tampoco que implique un mayor número de enfermedades pulmonares, cardiovasculares o favorezca diversos tipos de cáncer. Para las derechas, todo lo anterior representa pecata minuta. Esa forma de proceder refuerza dos cuestiones básicas de su pensamiento y acción. La primera, que la acumulación de riqueza y la destrucción del planeta son conceptos inseparables bajo el capitalismo y, la segunda, que el rostro “más humano” de dicho capitalismo lo constituye el que TODO se ve sometido a su bien más sagrado: la acumulación de capital.

Quienes deciden qué se cultiva, qué se produce y cómo, qué se come o cómo se envasa también imponen que el coste de todos los recursos naturales y personales que implican, los pague la humanidad y el planeta, y no ellos, que son quienes sacan precisamente de esa forma de hacer sus enormes beneficios y el poder político que los protege. Necesitamos medidas serias en defensa de la salud humana y la madre tierra, pero eso supone, obligatoriamente, también tomar medidas contra esa minoría que rige el mundo contra la mayoría de seres que lo habitamos y el planeta que nos alberga.

Lo que empezó como una huelga de un puñado de gente joven todos los viernes se afianza y amplía a toda la sociedad, contra un capitalismo que, poco a poco, lo devora todo. El próximo 20 de septiembre, está convocada precisamente una huelga mundial por el clima. Esa fecha representa la oportunidad de marcar un punto de inflexión, de un “basta ya” que permita avanzar en la recuperación del equilibrio metabólico entre el ser humano y el planeta a solo 3 días de la cumbre sobre Acción Climática de Naciones Unidas.