124 votos a favor, 155 en contra y 67 abstenciones. La propuesta de Sánchez de vertebrar un gobierno estable en el marco de la constitución del 78 sin mover sus límites un ápice y sin apoyarse para ello en las fuerzas plurales de izquierda, republicanas y nacionalistas, que permitieron la moción de censura que desbancó a Rajoy, se ha saldado con un clamoroso fracaso. Únicamente ha podido sumar un voto, el del PRC.

El ofrecimiento  de Sánchez era imposible, y no solo porque no haya salido adelante, sino porque el resultado de urnas el 28 de mayo ya no casa con el mismo. Con las normas del 78, el rey ya no puede tener un gobierno estable, homogéneo y que funcione. Electores de todo tipo, incluidos los de derechas, hace tiempo que exigen cambios serios en un orden que se halla en crisis.  Para el tridente de PP, C’s y VOX se trata de, usando la Constitución y todo el aparato de Estado (jueces, espías, policías, militares), profundizar un giro reaccionario, monárquico y antidemocrático letal para la mayoría. Quieren aplastar los deseos de democracia y libertad de las naciones oprimidas del reino, instaurar un 155 permanente, hacer retroceder la lucha de las mujeres por la  igualdad, avanzar en el recorte de lo social y profundizar la política de guerra contra pobres e inmigrantes. A ellos tampoco les vale como está y “sin tocar” un régimen basado en un bipartidismo caduco. Y por eso no ha sumado Sánchez ninguna abstención en ese lado del hemiciclo. ¡Hasta 20 veces se la pidió al PP sin éxito! Casado espera, con su línea de presión y pactos de Estado de los que tan amigo es Sánchez, despejar poco a poco el camino de vuelta a la Moncloa como cuando se cambió el 135 y se aplaudieron los recortes de Zapatero.

La propuesta de Unidas Podemos tampoco ha funcionado. La forma, con los puestos, el organigrama y el control presupuestario, ha resultado abstrusa y  poco comprensible, pero por encima de todo, estaba casi muerta antes de nacer. Ahora bien, sí ha servido para demostrar que los problemas de fondo como vivienda, pensiones, salario,  transición ecológica, pobreza, sanidad, educación y meterle mano a los ricos no pueden abordarse con la urgencia social exigida dentro del marco inmutable del régimen del 78. Porque en ese marco cada vez caben menos votantes y menos soluciones. Recordemos que Unidas Podemos tuvo que renunciar a defender el derecho a decidir y comprometerse a amparar las políticas de Estado. Y todo y así, no ha sido suficiente.

Lo que hizo que la propuesta no funcionara estuvo en que era errónea por ambas partes (PSOE-Unidas Podemos). En el caso del primero, porque prefirió anteponer los intereses del gran capital, los altos funcionarios y capas dirigentes del Estado a la aspiración democrática del pueblo que quiere decidir y que requiere más democracia, derecho a la autodeterminación y una salida política para Catalunya, Euskadi o Galicia; un pueblo que necesita mejores condiciones de vida y que busca embridar a los  ricos con un gobierno útil para lograrlo. Falló el intentar construir un gobierno a partir de un cordón sanitario alrededor del régimen del 78.

Por su parte, Iglesias y los suyos han caído en la ilusión de pensar que separando el camino social del territorial, supeditando el segundo al primero, podríamos ganar algo.

Nadie puede saber si a finales de verano habrá gobierno o si en noviembre habrá elecciones. En todo caso, lo que sí debemos aprender de estas intensas jornadas de radio, tvs y redes es que la forma más directa de ensanchar el camino de la izquierda pasa por unir dos grandes problemas, el social y el territorial, en uno solo. Y que en esa unidad se encuentra la clave para ganar la fuerza y la claridad que hoy han faltado.