La calidad democrática de un país tiene varios baremos para medirla. Por ejemplo: las condiciones de vida y de trabajo, la transparencia, la participación del pueblo en las decisiones y en el control de su realización, que lo común, lo público, esté por encima de los intereses privados y que las autoridades estén obligadas a dar explicaciones de sus actuaciones. Durante estos meses hemos podido comprobar lo lejos que estamos de unos mínimos democráticos.
La pandemia ha abierto un agujero económico y de desigualdad social de inmensas proporciones. Las medidas tomadas han sido insuficientes para garantizar condiciones de vida básicas, como lo hubiera sido la aplicación de una renta básica universal. La amenaza de una nueva oleada de contagios puede convertir en terrible la catástrofe social.  Hay también otros ámbitos en los que queda al desnudo el carácter de este régimen. Casi quince días ha tardado la Casa Real en informar a la población que el huido emérito está en los Emiratos Árabes Unidos, con sus amigos los jeques y en un país sin ningún derecho democrático, donde todavía se practica la tortura y el castigo mediante el látigo. ¿Por qué tanto oscurantismo? Porque, con excepción de los paseos matutinos para saludar a los súbditos, se quiere ocultar lo que tiene que ver con la monarquía, no solo por la corrupción del emérito sino porque si se informara de las actividades reales se vería lo inútil y prescindible de todo ese aparato. Solo es la pantalla en la que se escudan los poderes del Estado y las clases dirigentes para perpetuar su poder.  Si hay corrupción y oscurantismo en la cúspide del Estado, si se va bajando se encuentra más de lo mismo. El 10 de agosto se detuvo al teniente jefe de la Unidad de Seguridad Ciudadana (Usecic) de la Guardia Civil en Sevilla por su presunta relación con un asunto de tráfico de drogas. Uno más en una larga cadena de estrechas relaciones entre mandos policiales y narcotraficantes. El mismo día, fue detenido el magistrado del Tribunal Constitucional Fernando Valdés debido a una acusación por presunta violencia de género. Es el segundo juez del Constitucional implicado en un delito. En junio de 2014 fue detenido Enrique López y encausado por un delito contra la seguridad vial. Dimitió como magistrado del Tribunal Constitucional, pero en la actualidad es consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid. Puertas giratorias a todos los niveles.  Se dirá que unas personas no pueden representar al conjunto del régimen y de los poderes del Estado, pero si hiciéramos la lista saldrían ejemplos a centenares y miles y, sobre todo, porque son las instituciones quienes crean o encuentran un determinado tipo de representantes. Si el emérito pudo hacer todo lo que hizo y aún se le protege es un ejemplo a seguir por muchos de sus representantes. Hay que aprovechar el desprestigio de la monarquía para reivindicar los valores republicanos. Porque no solo defendemos un cambio de régimen, una república democrática, sino poner en práctica los valores que representa: derechos de existencia digna, soberanía del pueblo, transparencia, lucha contra la corrupción, derechos de los pueblos, valores feministas y de recuperación de la naturaleza y medidas enérgicas contra la desigualdad social.  El espíritu de rebeldía está presente estos días en las rebeliones populares que sacuden el Líbano y Bielorrusia. Una brutal explosión ha dejado prácticamente en ruinas la mayor parte de la ciudad de Beirut y ha dejado al descubierto la corrupción e ineptitud del gobierno y las clases dirigentes. En Bielorrusia el dictador Lukashenko está en la cuerda floja tras la denuncia del fraude electoral y la masiva movilización en las calles exigiendo su dimisión. La solidaridad con las revueltas de los pueblos es una manera de preparar la nuestra y pasar cuentas con nuestras propias clases dirigentes.