Mientras el virus sigue descontrolado, se confinan ciudades como León y Palencia y se toman medidas restrictivas en otras, como Zaragoza y Huesca, o en ciudades como París y Nueva York con una incidencia menor que la de Madrid, el gobierno de la Comunidad sigue negando la mayor: que existe un serio problema de salud. La batalla entre el gobierno de la Comunidad de Madrid y el Gobierno de Coalición se ha convertido en una batalla política e ideológica que no afecta solo a como combatir la pandemia sino al tipo de sociedad que imaginan las derechas. A la presidenta Ayuso le parece normal que “No se trata de confinar al 100% de los ciudadanos para que el 1% contagiado se cure”. O sea, le parecería normal que unos 66.000 madrileños pudieran morir para que, supuestamente, los negocios funcionaran con “normalidad”. No se trata de una tontería sino de una posición política e ideológica que bebe en las fuentes de Trump y Bolsonaro, a quienes no les importa la vida sino los negocios.

Las recetas de las derechas hispánicas son banderas, como las que puso Ayuso para recibir a Sánchez, o las que pusieron en un parque de Madrid y en una playa de Valencia, y los beneficios privados. Lo demás que lo pague el pueblo, aunque sea con sus vidas. ¿Invertir en sanidad pública? No, mejor privatizarla y repartirla entre los amiguetes. ¿Dedicar dinero para una buena enseñanza pública? Para qué, si ya se ocupan los curas y las monjas. Policías y militares para controlar en vez de médicos, sanitarios y rastreadores.

Esta es la verdadera cara del neoliberalismo que la pandemia está dejando aún más al descubierto. Cuando en el mes de marzo la sociedad fue consciente del peligro y lo poco preparada que estaba se generó un amplio sentimiento de que había que cambiar el rumbo, que la inversión en salud, en educación, en derechos, era lo verdaderamente importante. Pero los que de verdad controlan el poder, el económico y el político, mandan por delante a las derechas para que las cosas sigan igual, o peor. Ese es el verdadero contenido del neoliberalismo, de las políticas de las derechas contra la mayoría de la población trabajadora.

Derrotarlo exige un esfuerzo de movilización y de propuestas políticas que garanticen derechos y pongan por delante de todo lo común, lo colectivo. Movilizaciones como la de los barrios de Madrid, pero también de los médicos y sanitarios de Madrid, el País Vasco, Cataluña… o de las mareas pensionistas que se están sumando a la exigencia de inversiones para la sanidad pública. Mucha unidad y mucha movilización será necesaria para que la salud y las necesidades de la mayoría estén por delante de los intereses de unos pocos.