En este cuarto de siglo trufado de una multiplicidad de crisis la conciencia de las mujeres progresa poderosa. Un acicate fundamental es que nos damos cuenta de nuestra supeditación, de su significado en la historia, y del lugar básico, decisivo, que la mitad de la humanidad, femenina, ocupa en la reproducción y en la producción. La pandemia ha agudizado esta percepción con la apreciación pública de las profesiones de los cuidados, así como lo que denominamos economía feminista.

Estas vivencias nos impulsan a soñar que el patriarcado se impuso en el curso de unos cuantos siglos (Gerda Lerner), pero que vamos a finiquitar los 4.500 años de ignominia machista en mucho menos plazo temporal.

El trabajo de la mujer, asalariado o no asalariado, junto al rescate de la lucidez y resiliencia feminista desde los remotos tiempos de la Mesopotamia antigua y la Grecia clásica, son unos cimientos sólidos para que la mitad de la humanidad se emancipe de la otra mitad, con la concepción genial de que el conjunto, sin privilegios, con respeto e igualdad, se libere de la perversidad patriarcal y del poder del capital.

En la inauguración del Foro anual contra las violencias machistas, en su dieciseisava edición, que viene a continuación, tracé unos cuantos de los ejes que nos preocupan, ocupan y nos permiten esclarecer las estrategias del movimiento feminista. Vida, luz y aire fresco perfumado ante la oscuridad y hedor patriarcal.

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Bienvenidas al XVI Foro

No os veo pero os siento. Vuestro calor es vida, lucha y luz.

La 16ª edición, este 2020, está marcada por la pandemia, la Covid-19. En el Foro pondremos en evidencia la crisis de la vida y los cuidados. Lo venimos alertando y denunciante desde hace años, ahora ha entroncado con un clamor universal. La tierra, el cielo y sus criaturas han sentido un nuevo tiempo de la mano y la conciencia de la mitad de la humanidad. La sumisión de las mujeres a los hombres, por el patriarcado y la violencia machista, no tiene ninguna razón de subsistir, ni material, ni moral, ni espiritual.

Vivimos un estallido mundial del “Basta” coreado por miles de millones de mujeres: en la huelga feminista, en los movimientos como Me Too, Marea Verde, o hace una semana, las mujeres y juventud de Polonia por el aborto libre.

En el siglo XXI todavía no hemos podido abolir el patriarcado pero lo conseguiremos, estoy muy convencida, pues confío con todo el corazón en nuestras hijas y nietas. El mundo, la vida, la sociedad, lo convertiremos en un lugar y un tiempo de amor y libertad.

Ahora mismo estamos lejos físicamente, no nos podremos abrazar, consolar, expresar nuestros sentimientos con el cuerpo y la calidez que da la proximidad, pero no desfallecemos en nuestro objetivo de juntarnos, de crear alianzas en todos los niveles sociales, para prevenir, denunciar, hacer propuestas constructivas, para erradicar la violencia machista de nuestras vidas.

En estos seis días debatiremos, reflexionaremos y sacaremos conclusiones de como continuar, de qué propuestas hemos elaborado entre todas para poder cambiar las relaciones de dominio que hay en la sociedad patriarcal. Relaciones que la pandemia nos ha situado en el foco y agravado.

Los estragos de la pandemia resaltan la necesidad de los cuidados, los recursos esenciales por la vida, las políticas y la empresa pública, los bienes comunales y derechos universales.

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Transformar el sistema de valores y poderes

“Necesitamos construir la estructura que responda a esta emergencia, a largo plazo, mirando el futuro, no solo, que ya lo hacemos, el apoyo mutuo necesario, las redes de apoyo comunitarias, mucho más importante es trabajar por un cambio social que ponga la vida en el centro. Así de claro y duro lo explicaba, hace pocos días, Silvia Federicci,, en el II congreso internacional contra las violencias machistas del ICD (Instituto Catalán de la Mujer).

Las imprescindibles pequeñas cosas de cada día, el que cada una hace para mejorar su vida y la de las personas que estima, o con las que convive y trabaja, para conseguir ser efectivas necesitan de la empatía y la transformación del sistema de valores y poderes generales.

El sentido del principio feminista de “*lo personal es político”, quiere decir que son dos aspectos inseparables que se influencian mutuamente y determinan la evolución de la vida, la humana y de la naturaleza. Tenemos que sustituir la violencia y dominación inherente al patriarcado, su base social y económica, para situar el disfrutar y las creatividades de la vida como eje de un sistema social libre y comunal.

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El sistema patriarcal y capitalista resulta insostenible

La pandemia es un choque viral que hace tambalear todo el entramado económico y social. El sistema patriarcal y capitalista resulta insostenible para la vida de las personas y la del planeta. Las consecuencias de los estragos de la Covid-19 empeoran las desigualdades, discriminaciones y violencias contra las mujeres.

Estamos viendo que el modelo que encierra a las mujeres al hogar, desvaloriza los trabajos mayoritariamente de las mujeres, a pesar de ser vitales por el desarrollo de la sociedad, de la reproducción y las curas cotidianas, es altamente perjudicial para la vida.

Según la macroencuesta 2019 estatal 11.688.411 mujeres (57,3%), del Estado español han sufrido violencia por el hecho de ser mujeres. Según la encuesta de violencia machista del 2016 en Cataluña 2.503.689 mujeres (64,4%) han sufrido violencia por el hecho de ser mujeres.

A pesar de las medidas y leyes de los últimos años podemos constatar que la violencia machista sigue muy instalada en la sociedad.

La pandemia ha estallado en un sistema sanitario en retroceso. Los gobiernos de la globalización llevan cuatro décadas de privatización y recortes en gasto social, acentuadas el 2008, para enfrentarse a las crisis recurrentes, financieras o de producción, del sistema.

Cuando el confinamiento ha parado el mundo, las mujeres estamos en la primera línea, en un abrumador 80%, en las tareas de los cuidados. En la sanidad, el hogar, el trabajo social, en la limpieza, la educación, en los grupos de personas voluntarias. Enfermería, 85% mujeres; Farmacia, 70% mujeres; Limpieza, 90% mujeres; Mayoría de médicas; y cajeras de supermercado, 80%. En todos estos ámbitos hay que tomar medidas urgentes teniendo en cuenta que otra vez hay un impacto de género en esta pandemia.

Se ha instalado la precariedad en las condiciones laborales, sobre todo en los sectores dedicados a los cuidados de las personas. El aumento de la pobreza del más del 50% del trabajo precario o de economía de supervivencia que está fuera de todas las coberturas oficiales. Nos conviene estudiar a fondo las posibilidades de una Renta Básica Universal que alivien la situación crítica del grueso del precariado, pobreza y gente joven; ¿Hace falta decir que las mujeres  son el destacamento más numeroso?.

El lema del Foro este año “Las mujeres: invisibles demasiado tiempo, esenciales siempre”, toma cuerpo cuando vemos como se justifican, se normalizan, las violencias contra las mujeres. Unas violencias que se ocultan y se interpretan desde el punto de vista del patriarcado: Son violencias intrínsecas que “nos tocan” en la tómbola de la vida porque somos mujeres.

Avanzamos sin duda. Ganamos terreno con la presión inmensa del movimiento. Un ejemplo es la denuncia de la violencia sexual, la de los abusos sexuales a la infancia.

En la mesa inaugural del Foro, y los grupos de trabajo del día 6, queremos avanzar en las estrategias y en cómo continuamos para conseguir abolir estas violencias más ocultas. Pensamos también en las mujeres grandes, las mujeres sin hogar, las mujeres con diversidad funcional, las mujeres migradas y racializadas, las violencias digitales perdidas en el limbo.

Las mujeres en situación de violencia machista en todas sus diversidades, necesitan la intervención integral para la vivienda social inmediata, la atención jurídica, emocional, la reparación a todos los niveles para poder lograr la libertad de una nueva vida sin violencia por ellas y por sus hijos e hijas.

Con toda la buena voluntad que expresan sectores dentro de los gobiernos, tanto autonómico como estatal, las medidas políticas no están a la altura de la magnitud de los resultados de la gestión de esta pandemia. Las políticas públicas resultan insuficientes. Las carencias en servicios y empresas públicas recaen en perjuicio agraviado sobre las mujeres.

Las remesas de euros que vienen de los fondos europeos no parece que prioricen las profesiones y servicios vitales, feminizados. Hasta ahora se vehiculizan por los grandes sectores financieros y empresariales privados, mientras solo una parte limitada se destinan a los sectores más débiles de la población y del medio y pequeño comercio.

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Del aplauso ciudadano a la avaricia presupuestaria pública

Los déficits en Salud que se arrastran desde el 2008 han estado mortales en estos ocho meses. Las previsiones presupuestarias para atención primaria se quedan en la mitad del que recomienda la OMS (25% respeto el presupuesto total en Salud).

En los balcones aplaudíamos a las enfermeras, médicos y personal sanitario, un sentimiento y acción colectiva loable que no ha sido correspondida por un presupuesto, ni estatal ni autonómico, para estos segmentos de profesionales que está lejos de las medias europeas, de las recomendaciones de la OMS y ONU Mujeres. La avaricia del capital privado (hospitales, Industria farmacéutica, empresas de servicios, residencia de personas mayores, comercio de mascarillas, material sanitario y rastreadoras) recae en penuria y descontrol de la infección, muertos. Las mujeres están bien enraizadas en las profesiones afectadas y de las personas golpeadas. ¿Qué piden, sino medios y condiciones de trabajo suficientes, las movilizaciones semanales ante los hospitales, la huelga del MIR, la de los médicos? Las jóvenes proliferan con las pancartas “os cuidamos, cuidadnos”, “la vocación no nos paga el alquiler”, “la formación es futuro”, “hospitales públicos”, “CAP (Centros de Atención Primaria) suficientes cerca”.

Abramos los ojos. Concentremos los oídos. Escuchemos y afinemos las voces. La gestión de la pandemia fundamentada al priorizar la empresa y el capital privado en vez del común y público, será lavable por los accionistas pero resulta nefanda y mortal para la población, la vida, la natura y la propia economía.

Situamos las ilusiones y los sueños como horizonte de futuro a conseguir. Por eso necesitamos pisar firme en tierra y hacer camino. Este mundo está completamente mercantilizado, no hay nada fuera del alcance de *trueque y la compra venta hecha de dominación, explotación, expoliación y humillación de unos pocos poderosos sobre una muchedumbre dependiente de un trabajo de naturaleza esclavista contemporánea. Y de las mujeres dominadas por los hombres y las estructuras patriarcales.

Todo tiene un precio en el mito tan omnipresente del dinero, el aire que respiramos, el suelo que pisamos, la vida que disfrutamos o sufrimos, las personas, las mujeres, la sexualidad y la procreación, todo tiene un precio pero las cosas esenciales vitales están infravaloradas. No en vano Silvia *Federicci alerta: “la producción de armas entra dentro de este modo de producción pero los cuidados y la reproducción no”.

En este modo de producción se pone en cuestión el mismo concepto de trabajo, sea asalariado o no, sea productivo, reproductivo, cultural o de otro tipo. Porque la producción no es para satisfacer las necesidades de las personas sino para satisfacer los privilegios de una minoría muy pequeña ajena de lo comunal, de hecho se apropia del común. Esto se traduce en una desigual redistribución de la riqueza que afecta muy principalmente a las mujeres.

La Economía Feminista aporta un punto de vista demoledor dentro de las maneras de cambiar este sistema por otro que ponga en el centro los cuidados y la vida.

Los datos a nivel mundial como en nuestro país son agobiantes, retratan como afecta esta economía a las mujeres, como aumenta la posibilidad de entrar en situaciones de violencia machista. El confinamiento acentúa una tendencia de los poderes de la globalización a precarizar y recluir las mujeres en el hogar, sin retribución económica, con obligaciones sexuales y sin reconocimiento social de las tareas de cuidados.

Las mujeres se ven obligadas a no poder escoger cómo y con quién compartir la vida. El trabajo actual, bajo una larga cadena de dependencias, no permite condiciones para el consentimiento libre y natural en las relaciones entre las mujeres y los hombres, ni entre los mismos hombres. Vivimos en una ficción de consentimiento obligado.

El “dulce hogar”, “la reina de la casa”, la “dueña del espacio doméstico”, son eufemismos aceptados del sangrante “la mujer en casa y con la pata quebrada”, expresiones que ilustran como la violencia machista aumenta en las condiciones de aislamiento.

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Derechos, libertades y unidad en el movimiento feminista

La sesión del Foro del sábado 14 de noviembre la dedicaremos a compartir estrategias conjuntas en un diálogo entre las entidades del movimiento feminista y social.

Hemos abierto un ciclo inédito en la masividad, universalidad y homogeneidad de los fines feministas. Las luchas más exitosas de los últimos años han sido las que hemos hecho piña multitudinaria. Juntas somos muy fuertes. Es inaudita y motivadora la fuerza del delantal, la escoba, las curas, la procreación y la del trabajo productivo asalariado. El patriarcado domina en todos los países del mundo, desde hace unos miles de años. Para hacerle frente y enterrarlo el movimiento por los derechos de las mujeres se ha extendido por todas partes sin excepciones en todos los rincones del planeta.

¡No podemos bajar la guardia! ¡No dejaremos que se frene el movimiento de las mujeres por su libertad! ¡Ningún paso atrás!

A pesar de las restricciones de libertad de movimiento, con respecto a las medidas sanitarias y de seguridad, saldremos a la calle, hablaremos a los medios, nos comunicaremos virtualmente.

Queremos un movimiento fuerte y unido, libre y enriquecedor, crítico y creativo, mestizo y sincero, natural, inocente y consciente. Somos muy diversas, de diferentes extracciones sociales, culturales, vivenciales, ideológicas. Tenemos muchas estrategias variadas para llegar al objetivo común que son los derechos y las libertades de las mujeres, la erradicación de la violencia machista.

En la mayoría de los temas adoptamos estrategias conjuntas, hay otros que son polémicos y confrontados. Las contradicciones son humanas, naturales y sociales.

Cuando discutimos sobre la trata, la prostitución y el mercantilismo en el sexo, el trabajo sexual, el estigma de las prostitutas, el abolicionismo, el prohibicionismo, el regulacionismo, no lo hagamos en clave de división, mucho menos de ruptura del movimiento, sino en función de los derechos de las mujeres a su propio cuerpo.

Necesitamos consensos, no divisiones que bloqueen y debiliten la fuerza inherente al movimiento unitario masivo y universal. Enriquezcámonos y no destruyámonos en los debates, dialogamos desde el respeto y una escrupulosa libertad de expresión.

Tenemos un marco conceptual para actuar situando en el centro la vida y las curas: los derechos de las mujeres y los derecho en el propio cuerpo, la libre expresión y respeto, fortalecer la unidad del movimiento feminista y la movilización. Este es el reto.

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Demolemos mitos, dogmas y tabúes

La emergencia de la pandemia es como una placa tectónica que cambia la fisonomía de la tierra. Para lo peor y lo mejor. Podemos hacer una aproximación en plan cataclismo bíblico, vírico, o tratarlo bajo el prisma de que la reestructuración económica y social sea una oportunidad por el movimiento feminista, en alianza a todos los movimientos sociales para la justicia social.

Frente a la situación tan dramática de los asesinatos, las agresiones de todo tipo de violencia machista contra las mujeres, las agresiones sexuales y violaciones, los abusos a menores, es decir, una pandemia machista, patriarcal, buscamos la luz al final del túnel de humillación y sometimiento.

Cambiamos los modelos. Demolemos mitos, dogmas y tabúes. Hay tradiciones ignominiosas y mercantilismo destructivo. Los servicios esenciales por la sostenibilidad de la vida, todo lo que rodea la reproducción la cura, la salud y la educación, tienen que ser servicios públicos hechos por empresas o entidades públicas, próximas a las personas y su espacio vital.

Ya hay voces que claman porque la investigación de la vacuna esté a manos de la comunidad, en vez de a manos del negocio farmacéutico. Los hospitales, todo el ámbito sanitario público, con sueldos y condiciones laborales a la altura de las necesidades para vivir, los servicios sociales, la vivienda.

No queremos “normalidades” que nos golpeen. Queremos que haya un cambio de las estructuras que pongan la vida y las necesidades de la gente por encima de los beneficios de unos cuantos.

Durando estos años se han reforzado los movimientos sociales, las mareas, blanca, verde, amarilla, el movimiento feminista al frente de una manera muy transversal.

Alimentaremos esta rebeldía sana con las conclusiones del Foro.

Hay una gran cadena de complicidades machistas en la sociedad que funciona desde el minuto 1 de la vida de las mujeres. La nebulosa que hay en las agresiones sexuales a la infancia por parte de las personas conocidas y próximas da una idea de esta complicidad basada en la moral de la hipocresía, entre los valores que se preconizan y la realidad que vivimos las mujeres.

Sufrimos una profunda violencia institucional que ejerce el Estado, misoginia del “siempre ha estado así”, como si fuera un orden natural. Nos encontramos en la Judicatura a responsables y tribunales que humillan y no creen a las mujeres agredidas, leyes que favorecen los agresores machistas, funcionariado que martiriza las víctimas; cuesta un potosí aprobar leyes a favor de las mujeres, todavía más implementarlas con los recursos adecuados.

Se considera moral que desde los medios de comunicación se propague la misoginia, se ataque a las mujeres, se minimice, normalice y niegue la violencia machista contra las mujeres.

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Las jóvenes alzan su grito al cielo por un nuevo mundo

Finalizo con un sentimiento de alegría e ilusión. La lucha de siglos y de millones de mujeres tiene un futuro luminoso. Mordor no ganará. Las cenicientas, las bellas durmientes y las princesas desamparadas dan paso a las científicas, las intelectuales, las creativas, las artesanas, luchadoras abnegadas todas, sean de pequeñas o grandes causas, en casa, en la comunidad o fuera. Las Rey, las Mulan, las Rosalia, las Gemma Mengual y Núria Picas, aportan referentes atractivos para las nuevas generaciones de niñas y chicas, unas relaciones diferentes entre los niños y niñas.

Superaremos con sudor y lágrimas la dicotomía y asignación sexista del rosa y el morado.

Las jóvenes alzan su grito al cielo, sienten y hacen, nos dicen que llevan en su sentimiento y lucha a este nuevo mundo, que irá mejor por hombres y mujeres, un mundo que amará los animales y que cuidará la naturaleza.

Montserrat Vila Planas presidenta de la Plataforma unitària contra les violències de gènere de Catalunya.