25 de noviembre de 2020, Día Internacional contra las violencias machistas.De la Conferencia ONU Beijing 1995 al Convenio de Estambul 2011 hay una marea enorme de movilización y conciencia feminista que no para de crecer en profundidad y universalidad. El reconocimiento del sometimiento de las mujeres se concentra en la brutalidad de la violencia machista en sus distintas modalidades, hasta llegar a la agresión sexual, violación y asesinato. Es hora de declarar la emergencia general por la pandemia machista y erradicarla.
El Manifiesto de la Comisión 8-M de Madrid lanza “volvemos a salir a la calle para rebelarnos contra las violencias machistas y luchar por nuestra autonomía, por ser dueñas de nuestras vidas y nuestros cuerpos”, “Las violencias machistas son una forma brutal de dominación y opresión hacia las mujeres que tiene su raíz en un sistema patriarcal, capitalista y colonial”.
Las cadenas feministas 25-N realizadas el domingo en Cataluña clamaban por la Justicia feminista.
La violencia machista es la punta del iceberg de la dominación de la mitad de la humanidad, hombres, sobre la otra mitad, mujeres. Los privilegios del sexo y género masculino oprimen, humillan y destruyen lo femenino, es una misoginia milenaria que mantiene la disgregación, división y desigualdad social, hace trizas los derechos y vivencias de las mujeres.
La diferenciación de opiniones sobre la transexualidad, la trata, la prostitución, el trabajo sexual, o incluso sobre el inmenso tiempo destinado a los cuidados, nos tiene que enriquecer y fortalecer en nuestra unidad contra el machismo destructor dominante. El movimiento feminista puede generar la empatía y motivación de todas las minorías oprimidas, pero a la vez buscar y conseguir la estima y alianza entre los hombres.
Las mujeres y los hombres, la humanidad en su conjunto, pierde con el sometimiento y la división que provoca el machismo patriarcal. El amor universal ha de pisar firme el suelo para erradicar toda misoginia, dominación y privilegios.
El borrado de los derechos, la historia, la procreación, talento y trabajo de las mujeres es una ignominia, un infierno cotidiano que infecta la vida humana. No es sostenible para una vivencia saludable, creativa, placentera y feliz.
El derecho al propio cuerpo, el libre desarrollo de la identidad de género, la libertad de expresión y la unidad del movimiento feminista, hace frente a la transfobia, al racismo, al negacionismo que rezuma la moral, cultura, la práctica costumbrista y política imperante.
El patriarcado ha durado en exceso, 4.500 años, hay todas las condiciones para terminar con esta lacra.
Hemos de declarar la violencia machista como pandemia que azota y corroe la sociedad. La infección va a la par que la extensa cadena de complicidades. Se han de dedicar fuerzas, investigación, medios y políticas suficientes para la vacuna que permita erradicar este daño atroz.
Este 25-N de coronavirus salimos a la calle pues Machismo es pandemia. Ninguna de nosotras está sola: ¡Vecina confinada, aquí están tus hermanas!