El jueves pasado, 11 partidos sumaron una mayoría de 188 votos y aprobaron el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el curso que viene. Al hacerlo, se lograban tres cosas: por un lado, mandar definitivamente a las hemerotecas el PGE más longevo y recortador del régimen de la segunda restauración (el de Cristóbal Montoro y su PP Mariano) y sustituirlo por el más expansivo que nunca se haya aprobado (19,4% más de gasto consolidado). Por otro, mostrar que existe una mayoría amplia en la cámara que apuesta por dar continuidad al gobierno de coalición progresista por razones tan diferentes como su propia naturaleza que va desde ERC y EH Bildu, al PR cántabro pasando por el PNV o el PDeCat.

Los presupuestos que se mandan ahora al Senado están ligados a los fondos para la reconstrucción de la UE y subordinados a los acuerdos que han suspendido (no anulado) por dos años el marco de estabilidad presupuestaria europeo. En otras palabras, previamente a su aprobación por el Congreso del reino, su contabilidad tuvo que conseguir el plácet de Bruselas. De ahí que no sea un asunto menor el hecho de que dichos fondos sigan colgados de la brocha de los gobiernos de Hungría o Polonia, por una parte, y por las presiones de Holanda, por la otra.

Con una crisis sanitaria, social, económica y ecológica acelerada por la pandemia, pero mucho más profunda y previa que ésta, con unos efectos devastadores para la inmensa mayoría de la sociedad (este año la caída del PIB será superior al 11%) y ante la perspectiva de una recuperación económica lenta y precaria, las medidas recogidas en el presupuesto, más allá de cualquier otra consideración, se quedan cortísimas.

Nadie niega el cuantioso gasto público, tampoco el mayor peso de lo social en el conjunto (pensiones, SMI, IPREM, becas, dependencia, IMV, etc.) de las cuentas. Pero, ahora bien, no superan el marco neoliberal, ni afectan a los privilegios de la minoría oligárquica que nos rige. Analicemos: se canaliza el gasto por la vía de la deuda pública que es un negocio para banqueros y no a través de un mayor ingreso fiscal a partir de impuestos directos sobre el gran capital, la gran propiedad o la iglesia que sería una manera de redistribuir e igualar; la modernización y la inversión pivotan sobre la colaboración publico-privada, que representa el negocio para las grandes empresas, y no en el desarrollo de más músculo (empleo público), ni tampoco de reformas básicas que doten de potencia a la Administración y de mayor capacidad de control y participación a la población (regeneración republicana). Por tales razones, presentar las mejoras evidentes de los actuales presupuestos sobre los de Montoro y señalarlos como un cambio de “época” es confundir realidad con deseo.

El escrito firmado por más de 400 militares retirados pidiendo al, ahora callado rey Felipe, su intervención para salvar “España” pone de nuevo de manifiesto (la realidad) la base franquista y oligárquica del Estado sobre la que se han modulado las instituciones del régimen del 78. El tridente de la derecha, pero en especial Vox y una parte del PP, trabajan activamente para que el marco legal actual profundice el giro reaccionario y autoritario con el que enfrentó la crisis de 2008 y la lucha de los pueblos catalán, vasco o gallego por su derecho a decidir. Es engañarse no darle importancia a la reorganización que la derecha lleva a cabo, aprovechándose de toda la parte no desmantelada del franquismo que preservó el pacto constitucional.

A 42 años de su promulgación, la constitución como base legal de la segunda restauración hace aguas: la corona, el régimen de las autonomías, la satisfacción de los derechos sociales de la mayoría de la población, la judicatura y el ejército. Nada de ello funciona a satisfacción ni de los de abajo ni de la minoría de los de arriba. Es hora, sin negar ciertas reformas que puedan darse, de apretar hacia cambios republicanos construidos desde la calle y la movilización. Confundir deseos con realidad constituye el mejor medio de no prepararse para cambiar la situación de manera que nos permita cumplir con nuestros deseos.