El miércoles, día de reyes, nos quedamos helados ante el asalto al Capitolio de los EEUU y su saldo de 5 muertos, 14 policías heridos y más de 50 detenidos. No fue una broma. El trumpismo tiene una base sólida, un porcentaje nada despreciable de votantes y cargos electos. Hay que recordar que 139 congresistas republicanos presentaron mil y una alegaciones contra la confirmación de Biden como presidente, incluso tras la irrupción bárbara en las cámaras.
La estrategia de apelar contra el “gobierno ilegítimo” dibuja un giro reaccionario, antidemocrático, racista, antiobrero y antifeminista que persigue responder a la crisis del sistema, acelerada por la pandemia, con un ataque contra las libertades a ambos lados del charco. No solo son Bannon y Abascal, se trata de un entramado mucho más amplio y transversal que alcanza incluso a ciertos sectores de la población trabajadora.
No puede dejar frío a nadie lo que ocurre en la Cañada Real Galiana. Más de 4000 personas llevan tres meses sin luz y bajo cero en el asentamiento. Ni la ONU, ni el gobierno del reino, ni nadie parece tener la fuerza necesaria para obligar a Naturgy (21% de accionariado institucional y un 25% de CaixaBank) a que cumpla con los Derechos Humanos y el ordenamiento legal que, formalmente, impide que la gente muera de frío y viva sin electricidad en la región más rica del estado. Los gobiernos de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de la capital (PP y C’s) acompañan y justifican a la compañía en su operación aporafóbica.
Igualmente, ningún poder, ni la Constitución parecen capaces de evitar el nuevo robo de los de siempre. Filomena muestra las costuras de las eléctricas y su razón de ser. De un lado, Endesa vuelve, un año después, a dejar sin luz a miles de personas en Tarragona y del otro, compañías que no son capaces de dar servicio, suben la factura más de un 21%.Tampoco se antoja que haya tenido efecto la “severa reprimenda” que, en nombre de la Constitución y en la pascua militar, realizó la ministra de Defensa a los generales fachas que hablan de golpe de mano y de fusilar a 26 millones. Al día siguiente, el teniente general retirado Emilio Pérez Alamán recordaba (no precisamente asustado) a Margarita Robles que los militares como él no son una minoría.
Según la última encuesta del CIS, el 59,2% de los entrevistados cree que se deberían haber tomando medidas más estrictas contra el Covid-19. Aunque la pandemia ha dejado sus peores efectos en la salud, muchos encuestados aseguran haber sufrido más consecuencias económicas, laborales y sociales que sanitarias. Un 41,2% afirma haberse visto afectado en aspectos laborales; mientras que casi un 35% considera que la pandemia ha tocado negativamente a su economía.
Hierve la sangre ver la incapacidad mostrada para administrar vacunas con la urgencia requerida. Quedan 34 semanas para el verano y nadie cree que se vayan a inyectar un millón de dosis cada 7 días para llegar al objetivo previsto del 70% de la población vacunada en esas fechas. ¿Rastreadores? ¿Centros de atención primaria? Ya nadie contesta, pero la sanidad pública es la que sigue aguantando el tirón.
Frente a Filomena, no hay sal, ni se organiza cómo despejar las calles de ciudades y pueblos inundados de nieve y hielo. En 50 años no había ocurrido algo así. Pero sí hubo avisos y advertencias, para empezar de la AEMED.
Terminar con la sensación de heladora impotencia que deja Filomena y la incapacidad de las Administraciones y su marco legal exige tomar medidas que obligan a quebrar lo más duro de la política neoliberal. Necesitamos energía asequible y para todos, necesitamos que se abran las calles, y que se vacune, ya. Es imprescindible que recuperemos el poder y el espacio de lo público. Las empresas y los recursos deben ser reapropiados por la sociedad que los usa por mil y un caminos y que los financia por todos. No hay forma de garantizar derechos sin servicios públicos controlados, participados y gestionados por la población. En resumen, más libertad y democracia. Si queremos que el voto pese lo que vale, el pueblo debe ser más protagonista. Sabemos que en pandemia nada es fácil, pero la exitosa movilización por el acercamiento de los presos vascos (más de 50 mil personas en 238 localidades) muestra que se puede y se debe ocupar la calle para que las cosas cambien.