Caído el PP del gobierno, noqueado al fin por la corrupción, emergen nuevos lodos de las cloacas estatales. Es Corinne, la princesa amante real, quien transmite que Noós no es un caso aislado y ajeno de un cuñado, sino que el rey emérito Juan Carlos I estaba bien implicado. La fortuna de la Casa real procede de orígenes para nada nobles.

Es el régimen establecido en la restauración de 1978 el que está en jaque, pendiente de cuántas jugadas habrá hasta el mate.

La entrevista de los presidentes de los gobiernos, Pedro Sánchez (PSOE) y Joaquim Torra (JxCat), es un gesto político que cambia, al menos en las formas y talante, el crescendo de confrontación fomentado por el PP y Mariano Rajoy. La entrevista se envuelve de razones y demandas que desde 2010 se han ido colapsando.

La represión de la demanda republicana catalana depende ahora en parte del gobierno estatal de Sánchez. Un gobierno sostenido por una alianza tácita variopinta y contradictoria, en la que forman parte los partidos soberanistas e independentistas catalanes. El gobierno de la Generalitat de Torra, dispone por lo tanto de una de las llaves que permiten sostener el presidente Sánchez.

¿Hasta cuándo este equilibrio kafkiano? Es un tiempo para rehacer estrategias y construir alternativas a las políticas y al régimen caduco. El jaque al régimen se ha ido cociendo con sucesivas oleadas de la calle, las plazas y empresas. Huelgas generales sindicales contra las consecuencias de la crisis económica, 15-M de las plazas con la juventud por la regeneración democrática y moral, los Ayuntamientos del cambio, las mareas, la demanda de decidir catalana republicana.

Si bien la movilización trabajadora sindical no es quien domina el escenario, en cambio se han abierto camino de futuro otros frentes de gran calado.

La amplísima huelga feminista del 8 de marzo por los derechos universales y la igualdad, junto a la potente movilización contra las agresiones sexuales y la violencia de género, que desnuda la hipocresía institucional y moral imperante, mientras denuncia el machismo inveterado de una Judicatura anclada en el siglo pasado, con un sesgo de omnipotencia de élite y neofranquista.

Otra vía de agua que aparece como irreparable, si no se enfoca con una resolución política, es el proceso catalán, democrático y nacional, que con su momento álgido del 1 y 3 de octubre de 2017, ha situado una alternativa republicana, desde el ejercicio del derecho a autodeterminación por medio del voto.

Tal y como demuestra la justicia alemana con su rechazo a la euro orden del juez Llarena contra Puigdemont, nunca hubo rebelión violenta; Lo único que hubo y sigue habiendo es la voluntad de un pueblo que reclamó y ejerció su derecho a decidir de forma pacífica con las urnas.

Sánchez y Torra están abocados a pasar de las palabras diplomáticas a hechos, traducidos a medidas de gobierno con consecuencias políticas. No hay confianza ni ilusión entre estos gobernantes, queda el frío pragmatismo de abrir un diálogo que será una caja de Pandora para el régimen.

El ultra minoritario gobierno estatal y el condicionado gobierno de la Generalitat tienen que hacer frente al juicio a las y los presos políticos, a las imputaciones y personas exiliadas, a la presión organizada y movilizada de un pueblo que no se da por derrotado, mientras exige libertad para decidir i república.

La opción estatal de explorar una nueva descentralización administrativa, con acuerdos bilaterales y multilaterales, combinado con una reforma constitucional, se encontrarán con la petición de un referéndum en Cataluña y la incorporación del derecho a la autodeterminación.

El jaque al régimen constitucional de una transición fallida alimenta las libertades fundamentales desde procesos constituyentes republicanos.