Los inesperados resultados electorales en las pasadas elecciones municipales en todo el territorio catalán han dejado un mapa de pactos inexplicables muchas veces fuera de quien sigue la vida municipal de cada localidad. Los diferentes ejes que mueven la política catalana (además del tradicional izquierda-derecha, tenemos la vieja-nueva política y el eje soberanista) han llegado a combinarse de manera a veces sorprendente si no llegas a analizar la compleja realidad local. Pero Badalona sigue siendo un caso especial que ha acaparado la atención de los medios de todo el estado. Eso es porque en Badalona, además de los tres ejes antes comentados, tenemos uno propio: el populismo racista y fascistoide de Xavier García Albiol, del PP. Esto ha hecho que el resultado de la investidura haya acabado con el candidato de la tercera fuerza de las elecciones con la vara de alcaldía, el candidato del PSC Álex Pastor. Un candidato que ya llegó a la alcaldía hace un año, con una moción de censura donde el PP, que le triplicaba en concejales, lo aupó por primera vez al mando como instrumento útil para acabar con el gobierno del cambio de Dolors Sabater (de la candidatura municipalista Guanyem Badalona En Comú). Un año después, Pastor revalida la alcaldía aún siendo la tercera fuerza con los votos de Sabater y el resto de la izquierda que hace un año desalojó del gobierno local. Aunque el candidato socialista intenta auto-erigirse como el “candidato de consenso y el diálogo” entre los diferentes bloques (a menudo irreconciliables) de la política catalana y badalonense, el que hace un año fuera el juguete de la derecha del PP para atacar al gobierno del cambio ahora es el juguete de la izquierda para frenar el populismo xenófobo del PP.

El fenómeno Albiol

El PP se quedó lejos de revalidar la mayoría absoluta que necesitaba para gobernar. Conocedores que si la izquierda sumaba tendrían difícil volver a la alcaldía que perdieron en 2015 (cuando ganaron las elecciones pero toda la izquierda pactó para gobernar dando lugar a un gobierno del cambio con el apoyo externo del PSC), su campaña se basó en un catch-all. Su candidato, Xavier García Albiol, conocía sus limitaciones: su paso por la política catalana en el Parlament le hacía difícil revalidar las mayorías de 2011 (que le dieron la alcaldía gracias a un acuerdo con CiU) y de 2015. Su campaña se basó en desmarcarse claramente del PP y en interpelar a votantes del PSC incluso a nacionalistas conservadores. Aparta su mensaje más xenófobo por otro más “innovador”, incorporando la “aporofobia” (el miedo y rechazo a los más pobres) en su campaña. Poco más voy a explicar porque su campaña ha sido la más mediatizada, gracias a la colaboración de los medios afines del régimen que han ayudado a Albiol a que su mensaje llegue a todas las TV de las casas de Badalona. Ha sustituido el “fuera rumanos” por el “fuera okupas”. Ha hecho creer a una parte importante de la población que la falta de acceso a la vivienda es un problema de seguridad y no de derechos sociales. Impuso (gracias siempre a la inestimable colaboración de los medios) el relato que el causante del dramático y mortal incendio del barrio de Sant Roc fuera la “okupación” y no la pobreza energética.

Todo este discurso combinado con una llamada al voto útil conservador para evitar un nuevo “pacto de perdedores” (como él lo califica) que le ha dado un buen resultado. Volvió a ganar las elecciones (como 2011 y 2015) absorbiendo al votante de Ciutadans (que se queda sin representación en el consistorio), al de VOX, y reteniendo a la gran mayoría de votante del PSOE de Pedro Sánchez. Siete mil votos más que en 2015 y primera fuerza con 11 concejales (de 27). Un gran éxito, pero lejos de la mayoría absoluta que esperaba.

El bloque del cambio, desunido

La segunda fuerza en resultados la noche del 26M fue la coalición de Guanyem Badalona En Comú y ERC. Fruto de la apuesta estratégica de los primeros por crear un “frente unitario” que agrupara a las fuerzas que habían formado el gobierno del cambio, pero que finalmente no pudo sumar a ICV que siguió presentándose por separado. El objetivo era doble: conseguir la primera plaza en los resultados para afianzar el cambio y evitar una moción de censura PP-PSC y crear un artefacto electoral que pudiera competir con Albiol llamando al voto útil. Para ERC, también era un campo de pruebas de su estrategia nacional de “ensanchar la base”, creando alianzas con el espacio de los comunes. Durante la campaña se consiguió polarizar entre su candidata, Dolors Sabater, y Albiol, apelando al voto útil de izquierdas para frenar Albiol. Pero no lo suficiente. Los resultados quedaron lejos de cumplir los objetivos: 1000 votos menos que los que sumaron juntos las formaciones en 2015 (24.470 votos, un 24,52%) que supusieron un concejal menos (siete) que los ocho que sumaban las formaciones en 2015 (5 para Guanyem i 3 para ERC). La disparidad de voto de izquierdas frenó el ascenso, pero el resultado final, viendo el contexto de declive de todas las fórmulas municipalistas que formaban parte de la amalgama de gobiernos del cambio, no se puede considerar malo, aunque se quedará lejos de evitar una mayoría de PP y PSC.

ICV-EUiA decidió, como en 2015, no sumarse a la confluencia de Guanyem Badalona en Comú (donde conviven sectores ex-ICV, CUP, 15M y Podemos con gente independiente) presentarse en solitario ahora con el aval y marca de Catalunya en Comú. Y en confluencia con la sección local de Podemos después, eso sí, que la dirección nacional impusiera la coalición con la clásica ICV en contra de la decisión de la asamblea local de la formación morada (otro capítulo, de tantos, sobre la nefasta expansión territorial de Podemos y Comuns). Con sólo dos concejales consiguió el mismo resultado que ICV-EUiA en 2015.

Uno de los motivos que alegó ICV para no sumarse al frente con Guanyem y ERC era el tema nacional (tema que no estuvo en la agenda mediática de la campaña por parte de casi nadie), pero que servía para maquillar las auténticas razones que eran la de mantener la estructura clásico del partido. Decían, pero, que intentarían que el voto de izquierdas españolista no se lo llevará solo el PSC. Imposible saber qué hubiera pasado si se hubieran sumado a la coalición mayoritaria de la izquierda. Pero seguramente el efecto de “voto útil” hubiera sido mayor y la diferencia con el PSC más grande.

El enroque del PSC

Y es que el PSC tampoco pudo darse por satisfecho la noche electoral en Badalona. Aunque sumó votos y concejales respecto al 2015 (el peor resultado de su historia en la ciudad) para nada consiguió emular la “remontada” socialista en el área metropolitana. Solo 5 puntos porcentuales más que en 2015 (un 20%) y 6 concejales (con los 4 que tenía en 2015), absorbiendo el tradicional concejal de Unió Democràtica de la ciudad. Lejos de las mayorías absolutas conseguidas por candidaturas del PSC vecinas como Santa Coloma de Gramenet, o de crecimiento medio del 60% en el área metropolitana de Barcelona.

Aun así, el contexto con la cercanía del resultado de las elecciones generales del 28A ha hecho que el PSC-PSOE se presente para una gran parte de la clase trabajadora de las grandes ciudades como la herramienta más útil para frenar a la derecha. Y de eso, también, se puede explicar el ligero repunte del PSC en Badalona mermando así las posibilidades de la coalición Guanyem-ERC que aspiraba a poder empatar con Albiol.

En total, la noche electoral fue amarga para todo el mundo. Albiol ganó, pero absorbiendo todo el voto de la derecha se quedó sin socios, y un 61% de la población de Badalona votó a candidaturas que se comprometieron a no hacer alcalde Albiol del PP. Tocaba el momento de que las fuerzas progresistas se sentaran a hablar, como en 2015. Vuelta a la casilla de salida.

La misma noche electoral Pastor, el candidato del PSC, fue claro: ni Albiol ni Sabater. Y anunció que presentaría su candidatura al pleno de investidura, aunque no tuviera apoyos suficientes y aunque fuera la tercera fuerza de los resultados electorales. Empezando así una “teoría de juegos” que se alargaría tres semanas hasta la investidura, colocando la responsabilidad de la reelección de Albiol como alcalde en la coalición Guanyem-ERC, con 5000 votos más (un 5%) que el PSC.

Ni tan solo hubo una negociación seria sobre cómo formaría gobierno. De esta manera el PSC descubrió aquello que siempre había negado: había un pacto con el PP (como el mismo Albiol se ha dedicado a recordar). La sui generis moción de censura de 2018 le servía a Albiol para enemistar el bloque del cambio con el PSC y se aseguró que el PSC respetaría la lista más votada en 2019. Lo que no se aseguró Albiol es que el PSC no presentara a su candidato. Y eso hicieron los socialistas: cumplir “a medias” el pacto. No votaban a Sabater y se expulsaban así la responsabilidad.

Frenar a Albiol y al PP

Es aquí donde la izquierda del bloque del cambio tiene el dilema a resolver: o mantiene su candidatura (la de Dolors Sabater o cualquier otra, que tampoco tenía el aval del PSC) o vota al candidato del PSC como “mal menor” (como el mismo Álex Pastor se autodefinió en una entrevista radiofónica).

La decisión pesa, sobre todo, en Guanyem Badalona en Comú y en ERC. Hay que recordar, además, que la candidatura municipalista de Guanyem nace como respuesta a la incapacidad de la izquierda local a plantar una alternativa a Albiol. Por tanto, el peso de la responsabilidad con sus “principios fundacionales” (no hacer alcalde Albiol ni por activa ni por pasiva) es grande. Si Guanyem votara a su candidata, Dolors Sabater, por principios, Albiol acabaría siendo alcalde. Esto, sin duda, dejaría en jaque el proyecto político municipalista de Guanyem Badalona, que hoy por hoy se presenta para la mayoría de su base social como una respuesta antifascista al fenómeno local de Albiol. Por tanto todo el mundo presupone que hará en cuanto tenga en su mano para frenar al PP. Y a eso juega el PSC para repetir su carambola. Y es lo que se acaba realizando durante el pleno de investidura: votar al candidato socialista en un gobierno en minoría del PSC de 6 concejales.

¿Por qué (se pregunta alguna gente) es tan importante frenar a Albiol? ¿No sería mejor dejarlo gobernar y que se desgaste?

Hay que recordar que Albiol ya gobernó en Badalona durante 2011-2015, después de décadas de gobiernos del PSC con apoyos intermitentes de ICV-EUiA, CiU y ERC. Fue la misma CiU, en 2015, que dió apoyo a Albiol esperando que albergando el poder local su base social se desgastara. Y podría haber sido así. Al alcalde Albiol de 2011 le tocó gestionar la peor crisis de la administración local heredada por un PSC que dejó al ayuntamiento en quiebra. Y eso impidió que Albiol pudiera impulsar ninguna gran iniciativa de materia urbanística o social. Hasta las pequeñas intervenciones de micro-urbanismo fueron recortadas, pero las pocas que hubo fueron proyectadas con grandes inauguraciones rozando el ridículo en ocasiones. Pero su estilo de gobernar todavía es recordado: gestionar haciendo oposición. Los pequeños gestos eran proyectados como grandes gestas, y todo aquello que funcionaba mal era culpa de una oposición que no hablaba en una sola voz y que continuamente discutían entre ellos.

Eso, la falta de una única voz opositora, es lo que hizo grande a Albiol en Badalona. Y es lo que ha hecho que pudiera hacer una campaña “Recuperemos Badalona” (interpelando un pasado idílico al estilo de Trump con “Make America Great Again”) cuando en su mandato nadie tosía (con la voz suficiente, claro) su acción de gobierno. Y es justo lo que ha mermado a las candidaturas del bloque del cambio. Que no solo no se han presentado con una única voz en las elecciones locales sino que tanto la candidatura de la antigua ICV y el mismo PSC ha reproducido el argumentario de oposición de Albiol contra Dolors Sabater (a saber, los clásicos contra los ayuntamientos del cambio: desastre de gestión, “postureo” social, estar más por temas “que no importan a la gente”, etc.). Quizá pensaban que así encontrarían un nicho electoral pero sólo contribuyeron a hacer todavía más robusto el apoyo social de Albiol.

Porque lo que supuso sobretodo el mandato de Albiol fue una destrucción del tejido social y vecinal badalonés. Como bien resume el politólogo Ricard Vilaregut: “Más por necesidad que por estrategia, se saltó el círculo de intermediarios locales habituales –red social, gremios, creadores de opinión, prensa, etc– y habló directamente a una ciudadanía a la cual hacía años y cerraduras que nadie la interpelaba. Discurso simple y a barraca”. Mirada corta pero efectista. Un populismo social más parecido al de Salvini que al de Le Pen, contra el que la izquierda todavía no ha encontrado la receta para frenarlo sin caer en las trampas de mentiras, personalismo, shows mediáticos, simplicidad de mensaje, etc. Esas tácticas funcionan muy bien para la derecha pero la izquierda no sabe cómo jugarlas todavía en su campo. Solo hay que ver como ha madurado el proyecto populista de Pablo Iglesias y Errejón.

Por eso, era importante evitar el retorno de Albiol. Porque su relato para hacer “make Badalona great again” no tuviera un final feliz. Su retorno hubiera supuesto una derrota para el tejido social y vecinal (de dónde se nutre el electorado de izquierdas) sin retorno, y sin atisbo de reversibilidad. Una alcaldía en minoría minoritaria del PSC como “mal menor” es una contradicción enorme, y también una derrota, para el bloque del cambio. Pero permite pensar en el 2023 como horizonte para repensar la estrategia.

La vía institucional gestionaria para desmontar Albiol ha fracasado. No así el proyecto de unidad popular que lidera Guanyem Badalona en Comú hasta la fecha, pero que necesita repensarse. Cualquier formación progresista (y aquí incluyo al PSC, que al menos a nivel discursivo se sigue presentando así) que aspire a tener un papel activo en Badalona necesita desmontar Albiol. Y para desmontar Albiol se necesita pactar un discurso, un “relato” en lenguaje posmoderno, único y claro. Y eso es más fácil con Albiol en la oposición que con un Albiol alcalde. Más fácil, pero no ahora más posible. Si el PSC juega, ahora en la alcaldía de carambola, a imitar a Albiol para recuperar su hegemonía (como ha hecho en campaña con resultados a la vista insatisfactorios) sólo contribuirá a hacerlo grande. En cambio, si mira a su izquierda y guarda, sin sectarismos, para el bloque del cambio un papel activo en las políticas de ciudad, Albiol puede quedar noqueado y con pocas posibilidades de presentarse como “útil” en 2023.

Pero no solo en el campo de Badalona se juega el partido. Sin horizontes de ruptura (democrática y social), las apuestas municipalistas de unidad popular tendrán problemas para encontrar su espacio. Y así se abre camino a que el PSC pueda recuperar su hegemonía también en Badalona y afianzarse por un largo período en el área metropolitana de Barcelona. Por eso necesitamos recuperar los horizontes de ruptura que dibujaban en Cataluña el 15M y el 1O. Porque si no, hablando de municipalismo, el electorado de izquierdas volverá al esquema bipartidista clásico como solución y esperanza inmediata a sus problemas del día a día.Jose Antonio Téllez y Oliva político y diseñador gráfico catalán. Miembro de Ganamos Badalona en Común, concejal en el Ayuntamiento de Badalona, fue teniente de alcalde de Badalona entre 2015 y 2018.