Uno de los imprescindibles: Manuel Bonmatí (1946-2020), socialista y sindicalista

Según su biografía oficial, Manuel Bonmatí (1946-2020) nació en Sevilla, y fue trabajador de la Hostelería. Se afilió a UGT en 1968, en la clandestinidad, siendo uno de los impulsores de su reorganización en Sevilla.

Residió un periodo de tiempo en el Reino Unido, realizando actividades sindicales en el Trade Union Congress (TUC) y colaborando en la Fundación del Sindicato de Trabajadores de Hostelería del Transport and General Workers Union. Formó parte de su Comité Coordinador.

En el seno de UGT formó parte de la Comisión Ejecutiva de la Unión Provincial de Sevilla, y colaboró en la constitución de UGT-Andalucía. Fue uno de los fundadores de la Federación Provincial de Trabajadores de Hostelería de Sevilla y ocupó su Secretaría General. En 1978 fue elegido Secretario de Organización de la Federación Estatal y en 1981 pasó a ser Secretario General de la misma. Fue miembro del Comité Ejecutivo Europeo y Mundial de la Federación Internacional de Trabajadores de la Alimentación y Afines (UITA), que afilia en el ámbito internacional al sector de hostelería.

Desde 1986 ostentó el cargo de Secretario de Relaciones Internacionales Confederal de UGT, formando parte en su nombre del Comité Ejecutivo de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), posteriormente en la Confederación Sindical Internacional (CSI) asimismo forma parte del grupo de los trabajadores de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y del Comité Consultivo Sindical (TUAC) ante la OCDE.

Cuando nuestras vidas se cruzaron, el gobierno Aznar acababa de ser derrotado en 2004 y la tarea más urgente era transformar en organización una izquierda dispersa sumida en la satisfacción de las primeras medidas progresistas del Gobierno Zapatero. La derecha social y política no necesitaba de grandes excusas para salir a la calle, acusando a la izquierda de haber llegado al gobierno en una especie de fraude como consecuencia de los atentados yihadistas del 11 de marzo de aquel año. En pocos meses se repitieron las manifestaciones contra la ley del matrimonio homosexual, contra la reforma de la ley del aborto y contra la propia existencia del gobierno.

Manuel Bonmatí había transformado la Secretaria de Internacional de UGT -y formado un equipo de colaboradores, de hombres y mujeres cualificados, entre los que destacamos por nuestra particular relación a Antonio López y Joseba Echebarria-, en una herramienta para acercarse a los movimientos sociales que habían resistido al aznarismo y hecho posible su derrota electoral. Su visión de la actividad sindical iba mucho más allá del simple obrerismo y se reclamaba de un proyecto socialista con aspiración de hegemonía social que el entroncaba en el legado de Largo Caballero, su antecesor en muchas tareas internacionales sindicales y en la OIT. Pronto nos reconocimos como compañeros y enseguida nos hicimos amigos para toda la vida.

Sin su compromiso militante muchos de los proyectos de reconstruir el tejido social de la izquierda, en especial en Madrid, pero también de solidaridad internacional, no hubiesen sido posible. Fue en su despacho donde se pensó y organizó la gran manifestación unitaria contra la guerra de Irak, el 17 de marzo de 2007. El abanico de su actividad fue tan grande como la lucha contra cualquier tipo de opresión o explotación, pero muy especialmente con Palestina, Marruecos, Uruguay, Colombia, Guinea Ecuatorial y Cuba.

Siempre abierto a la discusión con sus compañeros, por muy diferentes que fueran sus orígenes políticos, Manuel Bonmatí fue un amigo muy cercano de Sin Permiso. Cuando los equilibrios del Gobierno Zapatero comenzaron a romperse y a anunciar el giro neo-liberal de su segunda legislatura, Manuel participó en un debate en Barcelona junto con otros sindicalistas de UGT y CCOO que organizó SP para explorar como contrarrestarlo desde las organizaciones de clase. 

Como recordamos todos los que tuvimos el privilegio de debatir con él de manera continua y sistemática aquellos años, Manuel Bonmatí era un defensor convencido del socialismo democrático, de la tradición de “centro” de la Segunda Internacional histórica, que se reclamaba abiertamente de Karl Kautsky, pero también de Rosa Luxemburgo, además de Largo Caballero. El conjunto del programa socialista para la lucha de clases, con la acción sindical reivindicativa y un partido capaz de impulsar el programa estratégico, eran su pasión y su devoción. Y como la gran mayoría de quienes provienen de esa corriente, no tenía ninguna concesión con el estalinismo, al que consideraba la peor de las degeneraciones. Entre sus maestros reconocidos nos presentó en Ginebra al mítico Dan Gallin, entonces empeñado en organizar un sindicato internacional de trabajadores y trabajadoras domésticos. Una de sus satisfacciones fue la elección al frente de la OIT de un sindicalista como Guy Ryder, en cuya campaña se volcó.

Su fuerte compromiso ideológico – orgullo de trabajador autodidacta que cultivaba su biblioteca con esmero y regalaba libros a sus amigos- iba de la mano de la convicción de la necesidad de unidad de la clase trabajadora, siendo uno de los defensores acérrimos de la unidad de acción de UGT y CCOO. Un trabajo unitario que se concretaba todos los días en la preparación de las reuniones e iniciativas en la CSI y la OIT, pero también en la ayuda al desarrollo o la solidaridad internacional.

En 2017, Manuel fue uno de los principales animadores del grupo de sindicalistas que apoyó la candidatura a contracorriente de Pedro Sánchez después de haber sido forzado a su dimisión como Secretario General del PSOE por su Comité Federal. Fue una implicación directa de los socialistas de UGT en el PSOE, sin la que no hubiera podido recuperar la secretaria general Pedro Sánchez ni existir hoy el gobierno de coalición progresista. Explicó detalladamente a sus amigos la necesidad y los límites de la operación, para que no se llamasen a engaño. Hacia bastante tiempo que pensaba que la dirección del PSOE no representaba a la socialdemocracia ni actuaba en beneficio de la clase obrera. Pero había que aprovechar la oportunidad y abrir una ventana al futuro.

Pudimos hablar con él diez días antes de su muerte, causada por una larga enfermedad que llevó como una pelea más, con tenacidad, paciencia y rigor. Ha tenido la suerte de tener a Charo como compañera, a Sara como hija y dejar un sinfín de amigos y discípulos. Al sembrar sus restos estamos seguros de que germinarán amapolas rojas.

Francia y la socialdemocracia

Manuel Bonmatí

(Manuel Bonmatí contribuyó con este artículo a un dossier publicado sobre el resultado de las elecciones francesas en abril de 2017. Junto a él participaron Alejandro Nadal, Francisco Louça, Rossana Rossanda y Jordi Borja, lo que da una idea del internacionalismo socialista en el que se movía Manuel Bonmatí.

A pesar de su brevedad, el artículo recoge muchos de los temas sobre los que reflexionaba Manuel Bonmatí. La fidelidad a la tradición y al movimiento obrero socialista, el cuestionamiento de las políticas de austeridad aplicadas por los gobiernos que se calificaban de socialdemócratas, pero que en realidad eran socio-liberales, la importancia del Partido político obrero y la necesidad de una reconstrucción ideológica y organizativa de los militantes socialistas democráticos, que es como le gustaba identificarse. SP)

En la noche electoral y confirmándose los resultados de las elecciones presidenciales francesas me quedé bloqueado pensando en los programas, alternativas y propuestas que durante muchas décadas a través de derechos económicos, sociales y políticos y una distinta correlación de fuerzas, el movimiento obrero y el socialismo democrático conseguimos conquistas para los trabajadores y las trabajadoras así como para el conjunto de la ciudadanía en Europa.

Hoy, y en términos generales, desde parte de la socialdemocracia no se quieren compromisos genuinamente socialdemócratas. Un grupo importante de liberales que no entienden ni les interesa entender los valores reales del socialismo, tienen secuestrado a los partidos socialistas en casi toda Europa y así nos va, porque desde un discurso supuestamente progresista, en la acción concreta del ejercicio del poder, coinciden más con los partidos conservadores y con los intereses de las clases dominantes. Por eso ganan siempre los intereses personales y colectivos de los aparatos y de los que tienen asegurado sus cargos públicos.

Nos tiene que preocupar y mucho, los resultados electorales del socialismo en Francia, Holanda, Austria, Italia y el conjunto de los países de la Europa del Este. Ahondando más en esta cuestión, el Partido Socialista francés ha pagado el precio de las decisiones tomadas por el Gobierno Hollande-Valls contra los derechos de la clase trabajadora francesa. Los medios de comunicación han ninguneado al candidato socialista Hamon con una campaña indecente pero esperada.

Y no sólo los medios, también un sector numeroso del aparato del Partido Socialista francés le ha hecho el vacio y cualificados dirigentes socialistas han pedido públicamente el voto para Macron. Con Hamon, vencedor en las primarias frente a Valls (éste último candidato oficialista del partido), se ha constatado una vez más que cuando el aparato no controla lo que creen conveniente a sus intereses violentan las decisiones de la militancia tomadas democráticamente.

Quien paga el precio de todo esto es en primer lugar el Partido como instrumento de transformación y cambio, y en segundo lugar, los afiliados y militantes que ven cómo se les escapa de las manos unos partidos que hasta hace poco eran la referencia de la lucha de los trabajadores y las trabajadoras y de sus conquistas.

Hay que neutralizarlos, por representar intereses ajenos al socialismo y porque existe el peligro de que terminen con nuestros partidos, jugando el juego sucio a la derecha y a los grupos dominantes que sólo quieren una cosa de nosotros: debilitarnos hasta que no seamos un problema o directamente desaparezcamos.

Hay que dar la batalla en la sociedad y en nuestros Partidos. No hay otro camino si no queremos que su victoria sea nuestra derrota. Debemos recuperarlos para lo que nacieron: defender y construir el socialismo democrático y recuperar los partidos socialistas para esos objetivos, porque si no es así nada tiene sentido.

Dicho todo esto, en el compromiso con el socialismo democrático, hay en Europa cientos de miles de militantes socialistas honestos y comprometidos con sus Partidos, que no se han aprovechado de sus cargos de responsabilidad, que han vuelto a sus trabajos cuando han terminado sus responsabilidades de representación, que han hecho avanzar a la sociedad y profundizar en los derechos de los trabajadores y las trabajadoras, que son ejemplo de militancia y de compromiso socialista. Sólo son ellas y ellos los imprescindibles, sólo ellas y ellos deben ser nuestras referencias para el compromiso de hoy y de mañana.

Gustavo Buster Es editor de Sin Permiso.

Carlos Girbau Es Concejal de Ahora Ciempozuelos y amigo de Sin Permiso.