Por seis votos a cinco, el Tribunal Constitucional ha sentenciado que el estado de alarma, aprobado por el gobierno y refrendado más tarde por el Congreso en la fase más dura de la pandemia, fue ilegal. Eso sí, fue ilegal por blando. El Tribunal ha señalado que, para limitar la movilidad como se hizo, no había más remedio que liquidar todos los derechos por un plazo de 60 días y declarar, tras su paso por la cámara de diputados, el estado de excepción.

Con esta sentencia un órgano en funciones, pendiente de renovación, que responde por su composición a la mayoría de la anterior legislatura de Rajoy, con el mandato de varios de sus miembros caducado y con uno de sus magistrados dimitido y no sustituido, ha decidido impartirnos a todos una “nueva lección de democracia y respeto al estado de derecho”. Directamente, no tienen vergüenza. Recordemos que el recurso contra el confinamiento de marzo del 2020 lo presentó Vox y la ponencia la redactó el magistrado Pedro González-Trevijano, miembro del tribunal a propuesta del PP y ex rector en “el momento master Cifuentes” de la Universidad RJC.

La sentencia representa una nueva declaración de guerra de elementos no electos y opacos, pero fundamentales del régimen del 78, contra el gobierno de coalición progresista. Debilitarlo y derribarlo es lo único que le interesa a la reacción. Se pone otra vez de manifiesto que la única enmienda posible al régimen radica en los principios republicanos. Es decir, la organización del Estado a partir de garantizar el sometimiento de todo poder a la elección, la voluntad y el control del pueblo. Algo que, como puede verse, se encuentra muy alejado de los usos y costumbres de esta segunda restauración borbónica.

CUBA NOS DUELE

   Nos duele el criminal bloqueo que desde hace 60 años padece Cuba por parte del Estado más poderoso del planeta, los EE.UU. Un bloqueo que le impide casi cualquier tipo de intercambio comercial, que cuesta vidas, que imposibilita recursos y que lastra cualquier mejora. Un bloqueo ilegal, rechazado una y otra vez por NN.UU. En la última votación, en la que se exigía su levantamiento, solo se contabilizaron dos votos en contra, los de EE.UU e Israel. A día de hoy Biden todavía mantiene las brutales restricciones que reinstauró Trump en su momento y que había retirado Obama. Es inadmisible que su Administración dé lecciones de nada mientras persiste el bloqueo, sobre todo cuando la Covid-19 está provocando una enorme crisis sanitaria, social y económica en toda la zona del Caribe. Sus economías,  ligadas al turismo, sufren hoy especialmente.

Nos dolió la muerte por disparos de la policía, en las afueras de La Habana, del manifestante Diubis Laurencio Tejeda, como consecuencia de las protestas de miles de cubanos contra la situación económica que provoca el bloqueo y agrava la pandemia.  También nos duelen las carencias que obligaron a la población los pasados 10 y 11 de julio a salir a manifestarse para exigir comida y recursos para garantizar una vida digna.

Nos duelen las detenciones de manifestantes, las entradas en sedes de entidades y los distintos abusos que el poder está llevando a cabo. Exigimos la puesta libertad y el fin de todos los cargos contra los encausados.

Es imposible salvar Cuba sin los cubanos. Como lo es construir el socialismo, defender la propiedad pública, limitar la explotación del trabajo ajeno por propietarios privados, sin a la vez, poner en marcha de manera irrestricta el derecho de asociación, reunión, manifestación o expresión. Lo contrario, como acaba de ocurrir, debilita a Cuba y a su gobierno frente al bloqueo, la agresión, la intervención y la propia pandemia.