Podría ser el título de una película, probablemente de terror, porque eso es lo que nos espera a la mayoría cuando nos llegue el recibo de la luz del mes de agosto. Uno tras otro se ha ido superando los récords del precio de la luz. Las eléctricas seguirán mejorando sus cuentas de resultados a costa de los bolsillos, ya bastante menguados, de las familias trabajadoras. Las dos grandes eléctricas (Iberdrola y Endesa) obtuvieron en 2020 más de 5.000 millones de beneficios. Se ríen de toda la ciudadanía y se ríen del gobierno. Por ejemplo, vaciando pantanos en Zamora, Cáceres, Lugo y Orense para producir energía hidroeléctrica, la más barata, y cobrarla al precio más caro, como si se produjera con gas. Así funciona el sistema tarifario de la electricidad. Da igual que algunos pueblos de los alrededores se quedarán sin agua corriente obligando a los ayuntamientos a comprar agua potable para los vecinos. Les importan un comino que el nivel de los pantanos bajara a mínimos afectando también a los agricultores que tienen que pagar el agua más cara. La ministra de Transición Ecológica dice que es un escándalo, pero lo único que hace es abrir una investigación. Ninguna medida enérgica. Ninguna decisión urgente. Las eléctricas se ríen de todos nosotros.

Con su demagogia habitual, el PP intentó atacar al gobierno sobre este problema, pero duró poco su crítica. Quizás las eléctricas le llamaron al orden, porque cuando el PP gobernaba dio vía libre a lo que ahora estamos sufriendo. La queja es que el gobierno progresista haya hecho tampoco para revertir las medidas del PP.

Unidas Podemos ha propuesto el establecimiento de un precio fijo para la energía nuclear, tal y como ya hace Francia, para que las comercializadoras puedan adquirir la energía de las plantas atómicas a ese precio de referencia, y de un precio máximo para la hidroeléctrica. Estas medidas podrían representar un ahorro entre 1.500 y 3.200 millones al año. Podría ser una medida positiva pero lo importante es que se establezca de inmediato, que no ocurra, como sucede a menudo, que ciertas propuestas se llevan a una comisión de estudio, luego a una de negociación y al final se olvidan en un cajón. Como, por ejemplo, el anuncio, sin mucha convicción, de que el gobierno estudiaría la creación de una empresa pública de energía, como ya existe en otros países.

Lo que es decisivo, lo que puede cambiar las cosas, es que se organicen protestas de las asociaciones de consumidores, sindicatos, asociaciones de vecinos, partidos, etc. para exigir que se tomen medidas urgentes para rebajar el recibo de la luz, para que la luz no siga sangrando las economías familiares a costa del beneficio de las grandes eléctricas.

Porque hablamos también del futuro del planeta. Nos cobran la luz a precio de oro y no tienen ningún respeto con la instalación de energías solares y eólicas poco respetuosas con el medio ambiente y el paisaje. Es imprescindible que la sociedad recupere el control sobre sus recursos. Es urgente y democrático tomar medidas decididas contra las eléctricas y su modelo de negocio. Hay que construir de abajo arriba el cambio energético que el planeta y nuestra salud exigen. Debemos nacionalizar las eléctricas, recuperarlas así para el común, a la vez que gestionarla democráticamente.