La semana pasada estuvo movida. El 25 de octubre, ingresó en la cárcel de Soto del Real el todo poderoso ex vicepresidente del gobierno de Aznar, Rodrigo Rato. El 27, sábado, varias decenas de miles de personas llegadas de todo el Estado llenaron el centro de Madrid para exigir redistribución de la riqueza, conquista de derechos, recuperación del planeta y una vida digna. Una buena parte de ellos, eran pensionistas. La semana finalizaba el domingo 28 con la mala noticia de que Jair Bolsonaro se hacía con la presidencia de la novena economía del mundo, Brasil, confirmando así los peores presagios.

La amplia movilización de mujeres, organizaciones barriales y sindicales brasileñas no ha logrado impedir la victoria electoral de la reacción en el mayor país de América Latina. Sin embargo, sí representan la base del obligado proceso de reorganización política, de movilización contra los recortes, de balance sobre las causas de la derrota y sobre la propia política del PT. El marco en el que todo ello se halla inscrito en la necesidad de superar la incapacidad del actual sistema constitucional brasileño de resolver los problemas de desigualdad, corrupción, falta de garantía de derechos, seguridad y empleo para la inmensa mayoría de su población.

Por su parte, el ingreso de Rato en la cárcel por las llamadas tarjetas black es la prueba de cómo el marco del régimen de la constitución del 78 ha servido de cobertura a una corrupción vertebrada alrededor del asalto al botín público. De la mano de las  privatizaciones, se vaciaron las arcas del Estado y se llenaron las de los sectores más ricos de la sociedad y los ministros que les servían. Rato va a la cárcel con una condena de 4 años y 6 meses por las Black, no por los 22 mil millones de euros que costó rescatar Bankia después de que él pasara por ella, ni tampoco por arruinar a preferentistas o desahuciar a miles de personas que no pudieron pagar sus hipotecas. Recordemos que a día de hoy, 12 de los 14 ministros que Aznar nombró en 2002 y el ex tesorero del PP en aquel tiempo, Bárcenas, están en la cárcel o permanecen imputados por delitos asociados a la corrupción. En Soto del Real, el ministro del “milagro económico español” y exdirector del  FMI compartirá hospedaje con Correa, Crespo y el Bigotes (los jefes de la Gürtel) y con un viejo conocido de Bankia, Rodríguez-Ponga.

Claridad, transparencia, democracia, es decir, igualdad y libertad resultan imprescindibles para evitar la corrupción del dinero y embridar el poder de la oligarquía. Y para ello, debemos ir más allá del régimen del 78. Hacen falta república y derecho y capacidad de decidir, autoderminación. Dan en el clavo el Parlament de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona con sus reprobaciones republicanas de la monarquía; Izquierda Unida anuncia que presentará mociones parecidas en mil de los más de 8 mil municipios del reino.

Como rezaba la convocatoria de movilización del pasado día 27: “Si nos movemos, lo cambiamos todo”. Y ese es el reto, tanto en Brasil como en el Reino de España.