Con el formidable empuje de las mujeres que este 25 N han vuelto a salir masivamente a la calle para exigir medidas enérgicas contra las violencias de género y dar un paso más en la lucha contra el patriarcado, aparece un repunte de huelgas y acciones de protesta para exigir mejores salarios, medidas contra la precariedad o recuperar lo perdido con los recortes de la crisis.

Estos son algunos ejemplos: huelga en Amazon en el Black Friday; huelga de limpieza en Madrid desde el día 27; convocada en Correos para el día 30, afecta a más de 60.000 trabajadores; continúan las acciones contra el cierre de Alcoa en A Coruña y Avilés; huelga de una semana de médicos y personal sanitario de los CAP de Cataluña; huelga el día 29 en la enseñanza de Cataluña; el 12 de diciembre huelga en toda la Administración Pública de Cataluña para exigir la recuperación de lo perdido por los recortes; protestas en negociaciones colectivas exigiendo un mínimo de 14.000 euros anuales…

El malestar se acumula y necesita encontrar medios de acción, objetivos y expresión política. Las movilizaciones de los “chalecos amarillos” en Francia son una expresión de ese malestar contra los gobiernos y la minoría que decide contra la mayoría de la población.

Las exigencias son bastante claras: medidas contra la precariedad, mejoras salariales, recuperar lo perdido en salarios y también en derechos, por ejemplo, echando atrás la reforma laboral del PP y la Ley Mordaza, medidas para mejorar la sanidad y la enseñanza, duramente castigadas por los recortes, o para subir las miserables pensiones mínimas y garantizar su futuro.

Como ya estamos acostumbrados, patronales y gobiernos responden que no hay dinero o que la economía iría mal si se aceptasen las reivindicaciones, pero los capitalistas viven mejor que nunca, la acumulación de capital ha sido enorme durante estos años, y es el pueblo quien siempre tiene que sufrir. Hay que convertir el malestar, por no decir cabreo, en acción masiva, coordinada y con objetivos sociales, democráticos y políticos.