El amianto es la sustancia más peligrosa que se obligó a manipular a muchos trabajadores, que se vieron condenados a enfermedades y muertes prematuras porque las empresas incumplieron las más elementales normas preventivas de seguridad e higiene. Las instituciones oficiales señalan 110.000 muertes anuales en el mundo, 21.000 solo en la Unión Europea. Mientras tanto, el Ministerio se empeña en ocultar las muertes reconocidas por el INSS de personas jubiladas, sin registrar en el CEPROSS, que recoge estadísticas de enfermedades profesionales.

El amianto o asbesto es una fibra mineral que se importó de Sudáfrica, Canadá y URSS a partir de los años treinta por su característica incombustible e incorruptible. Se utilizó masivamente en más de 3.000 productos, especialmente como aislante en trenes, barcos, hornos, siderurgia, zapatas de freno, embragues, tejados, cubierta de pabellones, tuberías de red de agua, baldosas, etc., hasta que en 2002 se prohibió su comercialización como resultado de una directiva europea.

Pese a las tempranas “alertas europeas” hace 120 años y a que la asbestosis estaba desde 1947, el cáncer de bronquio o pulmón y mesotelioma pleural o peritoneal estaban consideradas enfermedades profesionales desde 1978, las empresas no protegieron la salud de los trabajadores, ante la pasividad de las autoridades laborales, el olvido sanitario sobre el origen laboral de las enfermedades y el economicismo del sindicalismo.

A diferencia de los accidentes, el cáncer profesional y las enfermedades respiratorias aparecen treinta o cuarenta años después de la exposición laboral, vivir cerca de las empresas que lo manipularon o de sus vertederos, por lavar la ropa de trabajo de sus familiares; incluso en Navarra, por realizar trabajos textiles en la economía sumergida. Esta es la razón por la que la próxima década veremos un aumento exponencial de la epidemia de cáncer en regiones industriales. Miles de toneladas de fibrocemento o uralita que contiene amianto continúan presentes en viviendas e instalaciones construidas en los años 60, 70 y 80, pese a que la vida útil de estos materiales es de 35 años. La mayoría de este material ha caducado y desprenden fibras cancerígenas de tamaño microscópico, contaminan el aire que respiramos y amenazan con una segunda oleada de cáncer, por exposición ambiental

Por esta razón, el Consejo Económico y Social Europeo acordó en 2015 erradicar el amianto en la Unión Europea mediante la puesta en marcha de planes de acción y eliminación segura, creación de un registro de edificios que contengan amianto y una formación adecuada para quienes están en riesgo al manipularlo. Asimismo, acordó crear un registro de las enfermedades del amianto, facilitando su reconocimiento y compensación. Lamentablemente, solo Polonia ha puesto en marcha el plan con apoyo financiero para erradicarlo antes de 2032.

Mientras tanto, el Reino de España, al igual que las comunidades autónomas, pierden la oportunidad de unir el objetivo del inventario a la certificación de la eficiencia energética de los edificios.

Decenas de miles de trabajadores y trabajadoras que tuvieron contacto directo o indirecto con el amianto, están en riesgo. Por ello, deben reclamar su inscripción en el Registro de trabajadores expuestos al amianto, lo que posibilitará la vigilancia sanitaría especifica, la detección precoz de enfermedades respiratorias y que el INSS reconozca eventuales enfermedades profesionales con las prestaciones económicas de la Seguridad Social, incluido las enfermas ya jubiladas.

Muchas empresas han desaparecido, dejando a enfermos y sus familias sin derecho a una indemnización. Por esta razón, urge agilizar los trámites del Congreso de Diputados para aprobar la creación del Fondo de Compensación que haga justicia a todas las víctimas del amianto. La lucha de las víctimas está logrando romper el muro del silencio y que aflore la catástrofe sanitaria. No podemos abandonarlas ante la arrogancia de empresas, mutuas patronales y jueces reaccionarios.

Es necesario que las organizaciones sindicales se impliquen solidariamente para lograr el Fondo y acabar con la ocultación del cáncer profesional, impulsar planes de visualización al igual que se denuncian el fraude en contratos o el incumplimiento salarial. Hay que acabar con tanto sufrimiento.