Los días 9 y 10 de noviembre el metal de la provincia de Cádiz fue a la huelga. Más de 25.000 trabajadores están afectados por un convenio que venció en diciembre del pasado año y cuya negociación ha sido postergada y alargada por la patronal. 

El paro fue un éxito, como masivas las manifestaciones que se convocaron. No son solo los sindicatos quienes lo afirman, también lo reconocen la mayoría de los medios de comunicación con titulares como: “Trabajadores de empresas auxiliares del metal en Cádiz secundan masivamente una huelga con barricadas y cortes de vías”. La mayoría de las empresas son las que realizan los trabajos auxiliares de las grandes factorías de la bahía de Cádiz y la zona de Algeciras: Airbus, Navantia, Dragados, Alestis, Acerinox, por lo que también se vieron muy afectadas en sus procesos productivos. Algunos comités de empresa, como el de Navantia de Puerto Real, mostraron su solidaridad con “las justas reivindicaciones de la industria auxiliar para no perder derechos que tanto trabajo ha costado conseguir”. 

Las diferencias en la negociación colectiva tienen como punto central el salario. Los sindicatos piden un aumento del 2% en 2021, del 2,5% en 2022 y el 3% para el 2023, con revisión al IPC real en caso de que sea superior a lo pactado. La patronal no lo acepta. Con un aumento del IPC superior al 5% en lo que llevamos de año lo normal es luchar para asegurar el mantenimiento del poder adquisitivo, por eso la revisión en función del IPC es fundamental. En la plataforma de convenio se pide también aumentar la cuantía de las horas extraordinarias, eliminar la diferencia salarial entre indefinidos y eventuales y la reducción de la jornada anual. La patronal no acepta la propuesta salarial y además pretende -según los sindicatos- quitar dos pagas extras y aumentar la jornada laboral anual. 

La cuestión salarial va a estar en el centro de la mayoría de las negociaciones de los convenios. El aumento de la inflación representa un recorte directo del poder adquisitivo de las clases trabajadoras y defenderlo tendrá que ser una reivindicación prioritaria. Por eso es importante que luchas como las de Cádiz tengan apoyo y un resultado positivo, pues detrás de ella vendrán muchas más. El sector del metal, como el de las grandes empresas gaditanas, tiene una larga experiencia de lucha. En febrero de 2013 la gente explotó tras un año negociando el convenio. Después de paros y manifestaciones, la policía cargó contra una concentración ante la sede de la patronal y se produjeron numerosos enfrentamientos. Se firmó un acuerdo de mínimos que duró hasta el 2017. En noviembre de ese año se firmó el convenio que finalizó en diciembre de 2020. 

La situación de empleo en la zona y en la provincia es más que preocupante. A los recurrentes problemas de falta de carga en los astilleros se une la amenaza de cierre de la planta de Airbus en Puerto Real. La empresa podría recolocar a la plantilla, pero unas 2.000 personas de las empresas auxiliares se quedarían en la calle. Cádiz es una de las provincias con mayor paro, un diferencial de más de 8 puntos con la media española, e incluso en el último informe trimestral el paro creció en 18.700 personas, cuando la tendencia ha sido decreciente en la mayoría del país.  

La gran movilización de estos dos días ha reforzado la conciencia de que hay que ir a más y, si la patronal no cede, los sindicatos han convocado huelga indefinida a partir del 16 de noviembre. 

La prensa estatal apenas informa de esta lucha, o de otras parecidas, por eso es importante darlas a conocer, para que en otros lugares o sectores nos sintamos reconocidas en ellas, podamos aprender y tener presente sus experiencias. Parece evidente que la lucha por el salario será decisiva y que habrá que exigir la incorporación en los convenios de la cláusula de revisión salarial en función del aumento del coste de la vida. Durante los últimos años la baja inflación había restado importancia a esa exigencia; ahora con la inflación desbocada vuelve a ser decisiva. También hay que prestar atención a los métodos de lucha que se ponen en práctica. Por ejemplo, la huelga indefinida parece un método de presión necesario cuando la patronal hace oídos sordos a las reivindicaciones. La usaron en la larga y victoriosa lucha de Tubacex y ahora puede ser necesaria en el metal de Cádiz. Finalmente, hay un problema que toda la negociación colectiva y las luchas exigen: es necesario y urgente derogar la reforma laboral para poder defenderse contra la patronal. 

Miguel Salas es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso