El viernes 15 de marzo, varias decenas de miles de jóvenes estudiantes, especialmente de secundaria, se sumaron a LA HUELGA POR EL CLIMA a través de 60 convocatorias repartidas por todo el reino. Al día siguiente, más de 100 mil personas provenientes sobre todo de Catalunya, pero también del resto del Estado, incluido Madrid, recorrieron el centro de la capital para gritar que la AUTODETERMINACIÓN NO ES DELITO, exigir la libertad de los presos, el retorno de los exilados y denunciar el juicio farsa que se sigue en el Tribunal Supremo. Olió a repúblicas esa tarde en Cibeles.

Qué diferencia con el olor a naftalina que pudimos percibir el pasado 10 de febrero, cundo el tridente reaccionario de PP, C’s y Vox tocó arrebato pero apenas logró reunir en la madrileña plaza de Colón a 45 mil personas, encallando así su reconquista.

Cinco semanas después de aquella concentración casposa, la fuerza de quienes entendemos que es imprescindible organizar esta península a partir de criterios de igualdad entre los pueblos y las personas, de quienes estamos comprometidos con la libertad y la fraternidad republicanas se ha visto en Madrid sumando más que Colón. La prensa ha intentado tangar en los números apuntándose, sin disimulo, a la ridícula cifra de 18 mil asistentes que indicó la Delegación del Gobierno.

Una vez más se demuestra que el régimen y sus defensores aguantan mal la verdad. No ven como combatirla, salvo con falsedades, lo hacen el juico al procés, lo hacen ante cada manifestación. Pero ya se sabe que: “se puede engañar a unos pocos todo el tiempo, a muchos algún tiempo, pero es imposible engañar a todos todo el tiempo”. Dicho de otra manera: la fuerza que se opone (el régimen y su monarquía) a la que empuja a favor del derecho a decidirlo todo sufrió, el sábado 16, un nuevo tropiezo.

El 8 de marzo la huelga feminista representó un grito de unidad inclusiva e igualitaria; el 15 de marzo, la juventud  clamó en defensa de su futuro; el día 16 se oyó la voz de aquellos que queremos construir republicas. Todas estas movilizaciones, al igual que las demandas del movimiento obrero y sindical o el de la vivienda, no cuentan todavía con una representación política a la altura de lo que anuncian: la sustitución de un régimen caduco incapaz de resolver ni una solo de los problemas que acucian a la población por otro basado en principios democráticos profundos que se opongan a la desigualdad asfixiante, comprometido con el feminismo, con el sindicalismo, con el municipalismo, con el futuro del planeta y su sostenibilidad.

Alianzas que creen grandes unidades, ese es el único medio que nos puede permitir vencer a un adversario poderosísimo que hoy no muestra otra alternativa que seguir igual, recortando libertades o debilitando derechos de la mano del dogma neoliberal.

Estas alianzas aún en su forma actual están lejos de aquellas que se necesitan. Urnas y calle serán los caminos que moldeen el espacio diverso que de manera imprescindible necesitamos y que irá dando forma política a las reivindicaciones y movimientos que van tomando impulso. Activémonos en ambos.